Tuesday, November 3, 2009

EL MADRID COMPLICA SU PASE A OCTAVOS EN LA CHAMPIONS

El Real Madrid continúa sin encontrar su figura. Manuel Pellegrini insiste en sus ideas, virtud que se convierte en error cuando del convencimiento se pasa a la cabezonería. La asimetría táctica que disimulaba la presencia de Cristiano Ronaldo queda al desnudo sin el portugués, cuya baja hace imposible disimular el desequilibrio.

Pellegrini decidió repetir en Milán el dibujo que ya esbozó contra el Getafe, un dibujo más racional, pero que no es suficiente para conseguir que este equipo tenga una figura reconocible. Y es que este Madrid avanza como los canguros, dando saltos de un lado a otro con aparente descontrol. Si con un salto es capaz de superar un obstáculo, con el siguiente puede terminar estampado contra un árbol. Lo que ganó en una primera media hora en la que mostró una buena imagen y un fútbol más intenso que de costumbre, lo perdió después de recibir el empate. De ahí al final fue incapaz de mandar y dejó a medias el buen trabajo hecho antes. Pareció conformarse con el empate.

Con la simple ocupación de la banda izquierda se logró un equipo más equilibrado. Es cierto que no llegó a la perfección, ni mucho menos, pero al menos lució mejor cara en la primera media hora, el tiempo que le duró ese equilibrio. Cuando decida que alguien pise de forma permanente la banda derecha, por delante de Ramos, la sonrisa será completa.

Kaká gozó de libertad de movimientos por delante de Xabi Alonso y Lass; Marcelo apareció como interior izquierdo, el puesto que mejor se adapta a su alocada calidad; Higuaín arrancó algo escorado a la derecha sin llegar a actuar como interior y Benzema volvió a ser la única referencia en ataque. Esta asimetría en la derecha provocó una laguna que debían tapar entre Higuaín y Kaká, pero la mayoría de las veces fueron Lass y Ramos quienes debieron acudir a apagar el fuego. La consecuencia fue un desajuste en el sistema defensivo, algo en lo que deberá seguir trabajando Pellegrini. Con el paso de los minutos, el desequilibrio terminó afectando a todo el conjunto, que se fue descomponiendo hasta hacer olvidar la buena imagen que dejó en la primera media hora.

Quien más agradece este esquema con sólo un delantero es Benzema, que crece en solitario y colabora a que crezca el equipo. El francés, quien ya apuntó una mejoría contra el Getafe, apareció, se ofreció y participó en el primer tiempo como no lo había hecho antes. Luce mucho más ahora que se le ha despejado el panorama en ataque. Hasta presionó la salida del balón, una faceta que no había mostrado desde que viste de blanco. Y se reencontró con el gol, que al fin y al cabo es por lo que le pagan y para lo que le han traído al Bernabéu. Fue un gol de delantero centro, de alguien que sigue el partido concentrado, aparece donde debe y sabe cuándo debe acudir a un rechace para convertir en gol un mal despeje. Vamos, todo lo que apenas había hecho hasta ahora. La pena fue que la intensidad le duró lo que al resto del equipo y su peso en el conjunto se diluyó por completo tras la reanudación. Dejó de presionar, pero también, y más grave, dejó de aparecer en ataque.

El arranque del Madrid fue magnífico, con cinco tiros en los primeros 20 minutos, alguno con muy mala intención, como aquel de Benzema que obligó a intervenir a Dida o ese otro del francés que salió acariciando el poste. El Milan no presionaba, dejaba jugar y el Madrid se sentía comodísimo, mandaba y no dejaba de acercarse al gol. Aunque le seguía faltando algo de pausa en el juego, el equipo de Pellegrini mostró una imagen mucho más cercana a la que quieren ver sus seguidores. Pero cualquier partido del Madrid reserva su espacio para el lucimiento de Casillas. En un contragolpe muy bien llevado por Seedorf, el holandés dejó a Pato frente a Casillas, quien le ganó el mano a mano al brasileño.

El juego del Milan es primitivo. Se reduce a darle la pelota a Pato y esperar que el brasileño invente. Ronaldinho, Pirlo y Seedorf son los encargados de abastecerle de balones. Anulada esa vía, anulado el Milan, que no cuenta con muchas más alternativas. Pato es un futbolista maravilloso, a la altura del glorioso pasada de su club y muy por encima de su presente.

Cinco minutos después, con el cronómetro pisando la media hora, el buen juego del Madrid obtuvo su recompensa. Un tiro de Kaká fue mal despejado por Dida, que no agarra una vaca en una habitación, y el rechace lo aprovechó Benzema para estrenarse con el Madrid en Champions. El francés apareció donde debe estar un delantero centro.

El gol debería haber elevado la confianza del Madrid, pero lo que despertó fue la ambición del Milan, que encontró el empate después de una decisión al menos discutible del pésimo árbitro alemán Felix Brych. Señaló penalti por una presunta mano de Pepe a centro de Zambrotta. En cualquier caso la mano fue involuntaria. Ronaldinho no perdonó y equilibró el resultado.

La exhibición de Byrch no se detuvo ahí y apenas dos minutos después le anuló un gol a Pato por una inexistente falta a Arbeloa que sólo vio el alemán. Quizá quería lavar su conciencia por el penalti, otra cosa no se entiende. O simplemente es que es muy malo. Sí, quizá la respuesta al gol anulado sea esto último.

El inicio del segundo tiempo mostró una imagen más distorsionada del Madrid, impreciso en los pases, incapaz de retener el balón, que perdió el control del centro del campo y del partido, más desequilibrado en todas sus líneas, con desajustes defensivos cada vez más grandes y llamativos y que si no los aprovechó el Milan fue porque actuó andando, lo que le permiten sus fuerzas, y no terminó de decidirse a ir por la victoria. Se conformó con el empate tanto como el Madrid.

Probó Pellegrini con la entrada de Raúl por Higuaín y de Van Nistelrooy por Benzema. No encontró o no quiso encontrar ninguna variante para mejorar el centro del campo. Se consumió toda la segunda parte sin ocasiones más claras que las que se fabricó el Milan, la mayoría consecuencia de errores del Madrid, y la que disfrutó Raúl cerca del final y que desbarató Dida. El fútbol se fue de vacaciones y se vivió un intercambio de nada. De imprecisiones y falta de ambición.

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